Arráncame la muerte
20 septiembre 2009 a las 11:53 | Escrito en Textos | 2 comentariosEscribe mi nombre
con piedras,
con toda la arena
que arrebates al reloj.
Arráncame la muerte.
Borja de Diego
Contra los ilusionistas
19 junio 2009 a las 22:18 | Escrito en Textos | Deja un comentarioEtiquetas: ilusionista
Para Mario
Ustedes piensan que cuando sale una paloma de debajo de mis brazos es porque la tenía bien guardada en algún sitio. Que detrás de todo este aire de sorpresa y magia encontrarán algún secreto. Creen en el truco, que el conejo del sombrero espera paciente bajo un fondo falso. Ustedes creen que todas estas brillantes luces y explosiones son un artificio y nada más.
Pero las palomas que salen de mis mangas están hechas de sangre. Tengo los huesos llenos de plumas. Las costillas amarradas con aros verdes. El esqueleto raído por conejos. El tórax sepultado bajo huellas de pájaros. Ustedes no ven esto. Ríen. Disfrutan del espectáculo, aplauden. Se divierten.
Yo continúo. No hay varita. No hay palabras mágicas. Sólo mis manos y sables. Cada paloma que creo me costará la vida.
Borja de Diego.
Te prometo la frontera
7 marzo 2009 a las 15:42 | Escrito en Textos | Deja un comentarioTe prometo
el aire caliente
entre los dedos,
toda la arena
que te quepa
en los bolsillos.
Te prometo una casa
de la que sólo existen
trazos en la tierra,
una casa
que no es mía
y no es de nadie.
Te prometo nombres nuevos,
como pólvora o
lindes del mar.
Te prometo que cada noche
ladrarán los perros.
Te prometo la frontera,
la vida de una gacela
a las puertas de la muerte.
Te prometo un juego
que se acaba.
Te prometo lluvias.
Te prometo el frío,
el viento,
la intemperie.
Borja de Diego.
Desiertos contiguos
1 marzo 2009 a las 22:17 | Escrito en Textos | Deja un comentarioEtiquetas: desiertos contiguos
I
como el que borra un adiós de tiza
con la mano en la pizarra de una chica
que ya se pierde
y es azul,
………hacemos la memoria
………del amante
II
al final del barranco se acumulan
corazones plumíferos,
se dejaron caer por la baranda
decisivamente
en picado
y hasta el último momento
buscaron la diana.
la veían justo antes
del último látido aereo:
en el suelo,
abajo,
era su sombra
haciéndose cada vez más grande.
III
desiertos contiguos
en este oasis improvisado
en el terreno de las movedizas,
justo encima del agujero
que se traga el tiempo,
quién nos cuenta,
quién nos invierte de continuo
y nos desgrana
de un desierto a otro
a través del cuello de cristal.
Mario Barranco.
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